Justicia
Juicio por la muerte de Maradona: Luque y Cosachov no asistirán más a las audiencias

Periodista.
Los imputados volverán al Tribunal Oral Criminal N°3 de San Isidro para el final del proceso o en caso de que sus abogados consideren necesaria su presencia.
El neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov, los dos imputados más complicados en el proceso judicial, decidieron no asistir más a las audiencias a partir de la semana que viene. Así lo comunicaron sus letrados, quienes adelantaron que sólo se presentarán el día de los alegatos de cierre o en caso de que alguno de ellos decidiera declarar.
El motivo principal por el que se ausentarán Luque y Cosachov, será para “retomar la rutina”. Según explicaron sus abogados, el proceso judicial será largo y los imputados no pueden desatender sus responsabilidades diarias: ambos siguen atendiendo pacientes y “no van a pausar sus agendas hasta mitad de año”, cuando se estima que finalizará el juicio.
La decisión se enmarca dentro de la ley, que indica que, al estar en libertad, ninguno de los imputados tiene la obligación de asistir a las audiencias después de la resolución de las cuestiones preliminares, que ya fueron definidas el jueves. Sin embargo, están obligados a estar presentes para los lineamientos finales y la lectura del veredicto, que definirá si son o no culpables de la muerte de Maradona.
Al imputado Luque se lo vio incómodo desde el comienzo del proceso y no esperó ni a que terminara la segunda audiencia para irse: este jueves aprovechó un cuarto intermedio de 10 minutos luego de que los jueces Maximiliano Savarino, Verónica Di Tommaso y Julieta Makintach resolvieran los planteos que estaban pendientes y decidió irse. Así también se comportó la coordinadora de medicina prepaga Nancy Forlini.
No ocurrió lo mismo con la psiquiatra Agustina Cosachov, quien se quedó hasta el final. Igualmente, su abogado Vadim Mischanchuk afirmó que su defendida no volverá a presentarse en los tribunales de San Isidro, excepto que él considere necesaria su presencia ante algún testigo o que decida declarar.
Si bien el resto de los abogados no definieron si sus defendidos seguirán yendo o no a las audiencias, es probable que muchos tomen la misma decisión que Luque y Cosachov y sólo asistan a aquellas jornadas que consideren estrictamente necesarias.
Solamente dos imputados confirmaron seguirán yendo a todos los debates hasta el final del juicio. Uno es Mariano Perroni, jefe de enfermeros, quien adelantó que asistirá al juicio, ya que ir a la audiencia le justifica su ausencia al día de trabajo.
El otro es el médico clínico Pedro Di Spagna: su defensora oficial María Julia Marcelli explicó que considera importante que el imputado esté por si, por ejemplo, un testigo de la acusación dice algo que lo comprometa.
A propósito del Dr. Di Spagna, declaró que “le cagaron la vida”. En el debate, Di Spagna se distingue de los demás por dos cuestiones. La primera es que se mantiene cabizbajo y se muestra desinteresado durante los cruces entre la querella y la defensa. La segunda, es que es el único que no cuenta con un abogado particular: tiene una defensora oficial, María Julia Marcelli, quien remarca que su defendido solo “cayó en la volteada”. El médico clínico explicó cómo tuvo que reacomodar su vida a partir de que su nombre comenzara a sonar entre los presuntos culpables del fallecimiento del ex jugador de fútbol.
Por suerte, agradece, el Club Atlético Huracán confía en él y lo mantiene como parte del cuerpo médico del plantel profesional.
Di Spagna lamenta que todos los imputados estén “en la misma bolsa”, y que su intervención en el caso de Maradona no se separe de la que tuvo el resto. Según su versión, él solo vio a Maradona una vez, el 11 de noviembre de 2020, cuando lo llamaron para una interconsulta durante la internación domiciliaria en Tigre.
Según indicaron fuentes con acceso a la causa, en esa oportunidad el médico revisó a Maradona porque estaba con vómitos. Había comido camarones con brócoli a la provenzal, por lo que el consejo fue que cambiara su dieta. El acto de vomitar le podía hacer aumentar la presión intercraneal, señaló.
A la semana -el día 18- Di Spagna volvió a la casa del barrio San Andrés junto a un nutricionista, pero no llegó a ver a Diego porque Maradona no quiso. A pesar de que lo intentó no se pudo imponer ante la resistencia del paciente. Incluso, una de hijas de Maradona presente ese día trató de convencer a su padre de atenderse y, tras no lograrlo, finalmente le pidió al médico que se retirara del lugar.