Copa Libertadores
El mundo Boca está gagago
Las decisiones del DT de Boca parecen difíciles de entender y van de un polo a otro. Crónica de una eliminación anunciada.
Por segundo año consecutivo, Boca no jugará la Copa Libertadores. No podemos resumir los motivos del fracaso a un penal errado ni al gol fallado por Cavani en la última jugada, sino que necesariamente hay que tomar conciencia de los errores garrafales en las decisiones tácticas, condicionadas por un contexto dirigencial de improvisación.
Comencemos analizando el equipo titular en el partido de vuelta en la Bombonera. Dentro de la incertidumbre previa respecto al armado de este, Marchesín era quizás la única certeza de titularidad. Sin embargo, en una secuencia que a la vista del espectador quedó bizarra, lo sacaron para los penales. En cuanto a la línea de cuatro defensores, el lateral derecho fue Advíncula, quien hasta hace unos días era la tercera opción en esa posición detrás de Barinaga, que venía jugando, y de Blondel (que jugó en la ida de mediocampista como interior derecho que no es su lugar natural). El central derecho fue Battaglia, que comenzó su carrera (y jugó la mayoría de la misma) como un volante central. Hoy en día es común que el 5, con pelota, se ubique entre los centrales para la salida desde el fondo, movimiento que habitualmente realiza Enzo Pérez en River, y en el Atlético Mineiro, el ex Huracán con Gabriel Milito como DT, se fue retrasando hasta jugar en el medio de una línea de tres centrales (sin la función de retornar al medio sin pelota). Es importante notar que no es lo mismo jugar de 2 en una línea de 4, que requiere ir más a los costados y tener más roce con los delanteros, que ser parte de una línea de 3 donde los centrales externos hacen las coberturas. Con partidos y un contexto favorable, Battaglia podría cumplir este rol, pero está claro que no estamos hablando de un central derecho nato y desarrollado. El central izquierdo fue Rojo, que no venía jugando por lesión, por lo que no llegó con ritmo de competencia y perdió la marca de Barcos en el gol de Alianza Lima. Saracchi, en el partido de ida en Perú, fue el que más sufrió en defensa e irónicamente fue el que se mantuvo tanto como titular como en su lugar (lateral izquierdo).
En cuanto a los volantes, Gago buscó desplegar con pelota un rombo con Delgado de 5, Zenón y Herrera de interiores y el chileno Palacios prácticamente como enganche. Delgado no venía siendo el 5 titular, pero bastó con un solo buen partido frente a un rival de menor jerarquía para que se gane el lugar. Zenón estaba incómodo, ya que su puesto más adecuado es de volante por izquierda en una línea de 4 volantes o wing izquierdo en un 4-3-3. Su fuerte es ir por afuera, y en un esquema así queda centralizado en muchos momentos, lo que requiere movimientos que le hacen perder sus fortalezas. Cuando es esporádico que se centralice genera un mayor impacto en el juego, mientras que si es habitual no causa el mismo efecto. El vasco quizás es apto para esa posición, pero venía de una lesión y volvió sin ritmo directo para este partido. Bajo este esquema, sin un wing que lo ayudara en el costado, se le requería un esfuerzo que quizás, con otra edad, le era más fácil realizar.
Por su parte, el chileno Palacios, más allá de su despliegue, es un jugador más apto para partir de extremo y eventualmente sorprender entre los centrales que para iniciar desde el centro y encasillarse. Para él le es mejor llegar que estar. Es un jugador eléctrico, que no tiene la pausa y conducción necesaria para jugar ahí, y quizás lo pueda entender en dicho lugar en un 4-2-3-1 lo que le daría mayor lugar para picar y en un contexto de partido de ida y vuelta (que no era el caso). En cuanto a este rol de enganche, necesariamente hay que recordar que una opción acorde podría haber sido Alan Velasco, por quien Boca pagó 10 millones de dólares para dejarlo sentado en el banco y que entre faltando 12 minutos. El ex-Independiente no venía teniendo grandes actuaciones puesto en el lugar de extremo, que no es su lugar ideal en partidos que le requieren colaborar con el 3 en la banda como lo fueron el partido en la ida o mismo el de cancha de Racing. Quizás en la vuelta sí era un partido más viable para que parta desde la izquierda y con pelota se centralice para que quede abierto en ataque proyectándose Saracchi. Gago puso a Velasco en la ida y a Zenon en la vuelta como si hubiese leído los partidos al revés.
Por otro lado, Zeballos, otro de los jugadores más desequilibrantes, ni siquiera entró, y Boca jugó otro partido con doble 9 sin ningún delantero con la característica de desbordar. Uno de esos delanteros era Cavani, que venía de una lesión y no estaba en su mejor forma, sin mostrar el despliegue y movilidad necesarios al jugar con dos centrodelanteros.
En definitiva, este repaso del equipo titular deja en evidencia que para este partido hubo jugadores en lugares no óptimos, varios jugadores que no venían siendo habitualmente titulares e incluso algunos que el motivo era por lesión (Rojo, Herrera y Cavani, 1 por línea, demasiado).
Este repaso de la llave no estaría completo sin recordar que el Xeneise también quedó afuera por el pésimo partido que hizo en la ida. Esa noche, Alianza Lima fue muy superior a un Boca anárquico y sin respuestas futbolísticas, en otro partido donde hubo jugadores en posiciones no ideales. Es que, si retrocedemos más en el tiempo, cae de maduro que esta incertidumbre y desconcierto en el equipo no es casualidad y nace desde la conducción en la planificación del armado del plantel. Era 7 de enero, y después de una semana de pretemporada, solo había llegado una incorporación a Boca: el chileno, cuya negociación ya se había resuelto previamente. Como si se hubieran tomado las fiestas para luego comenzar a armar el plantel, no hubo celeridad en las negociaciones para que las incorporaciones pudieran hacer la pretemporada completa con sus nuevos compañeros. Así, Boca no llegó a armar con tiempo suficiente el equipo para este cruce tan trascendental que definía el año y fue subestimado.
El torneo comenzó y el técnico, en vez de aprovechar los partidos para consolidar una idea y una identidad, pasó el tiempo probando jugadores y dibujos tácticos sin dar continuidad a nada ni a nadie en un mismo lugar. Boca jugó 4-3-3, 4-4-2, 4-2-3-1, 4-2-4 y hasta 5-3-2. De esta manera, es difícil que se formen las sociedades que requiere un equipo para funcionar. Me pregunto, cuántas veces compartieron saga Battaglia y Rojo, o cuántas veces jugó Boca con ese mediocampo. No te podes obsesionar con el pizarrón y las estadísticas, porque así corres el riesgo de perder de vista las cuestiones básicas de la lógica futbolera, como si no hubiese cordura. Hasta el arquero cambió para los penales… Queda expuesta la irracionalidad e improvisación a todo nivel y así salieron las cosas.