A 43 años de la guera
El menú de Malvinas, entre la tradición británica y los recursos locales

Periodista. Cocinera.
La oferta turística y gastronómica se concentra en Puerto Argentino (Stanley). Dos periodistas y una agente de viajes que estuvieron en las Islas cuentan cuáles son las costumbres, las comidas y bebidas típicas de los lugareños.
Cerrá los ojos. Imaginá que viajas a la capital de unas islas ubicadas en el fin del mundo. El escenario es hostil. Frío oceánico que pega en las entrañas y un viento incesante que te lacera el pellejo. Tu cuerpo pide a gritos calorías para poder mantener la habitual temperatura interna. Te sentás en un restaurante, de los pocos que hay en una comunidad pequeña, y pedís la carta. ¿Qué te gustaría comer y beber ante ese clima impiadoso?
La gastronomía de las Islas Malvinas, de ellas se trata, ofrece una experiencia única que combina las tradiciones británicas con los recursos locales, apoyados en el entorno marino característicos de un archipiélago que reúne más de 700 islas. Si bien las dos principales son Gran Malvina y Soledad, existen algunas muy pequeñas de tan solo pocas hectáreas que hacen que el número supere a las 200 islas que suelen contabilizarse.
Esa oferta turística y culinaria se concentra en Puerto Argentino (Stanley), en dónde vive la mayoría de la población, de apenas 3800 habitantes, según el último censo de 2023.
Quienes han estado en las Islas coinciden en que los lugareños son muy austeros a la hora de sentarse a la mesa. Su dieta básica esté compuesta de productos simples y locales, entre otros, huevos, salchichas, pan, manteca, quesos, papas, cordero y rabas.
Como suelen cocinar, no tienen la costumbre de salir a comer afuera. Es por eso que los restaurantes son escasos y casi todos están ubicados en los hoteles. Allí se pueden encontrar los platos más sofisticados: merluza negra patagónica, vieiras, calamares, mejillones, salmón y paté de ganso de montaña.
Eso sí, con la excusa del frio imbatible y el contacto limitado con el exterior, los malvinenses pasan varias horas en la barra de los pubs, muchas veces en familia o para festejar cumpleaños, donde se mantienen las clásicas tradiciones británicas. Allí se toma cerveza como un mandato ancestral.
María Eugenia Budic, de Viaje Boutique, organiza visitas a Malvinas, personales o en grupo, entre los meses de octubre a marzo, que son los más cálidos porque la temperatura alcanza los 20 grados. Según su experiencia, los mejores restaurantes son los del hotel Waterfront, a donde también se puede ir a tomar el té, o el del hotel Malvina House.
“En ambos casos, la carta ofrece platos bien elaborados pero que, en general, son de cocina internacional. Ante mi pregunta sobre cuál era un plato típico de las Islas, en el Hotel Malvina House me insistieron en que probara los squids (calamares), que los sirven apanados y fritos, acompañados de alguna salsa o mayonesa saborizados. También el Fish and chips es un plato muy tradicional y el cordero en todas sus variantes”, relata Budic, quien estuvo en el archipiélago en varias oportunidades, con su familia o con grupo de viajeros.
También indica que hay algunos dinners o bares en los que se pueden consumir distintos sandwiches o minutas, entre los que se pueden mencionar Shorty's Bar y Groovys.
En cuento al desayuno, asegura que el típico english breakfast es la regla. “La población Kelper tiene costumbres y tradiciones que provienen del Reino Unido, por lo cual sus costumbres gastronómicas son bastantes similares. Por la mañana nunca faltan huevos revueltos, panceta, hashbrowns (papa rallada bien crocante), salchichas, morcilla, tomates a la plancha, baked beans (frijoles), hongos y pan tostado”, destaca.
La experiencia de los periodistas
Natasha Niebieskikwiat, experta en asuntos internacionales y periodista de Clarin, es la colega que más veces ha viajado a las Islas. Son tantas que ella misma duda, se interrumpe, piensa y cuenta con los dedos de su mano antes de responder. Al fin llega a la conclusión. Ocho veces, dice. La primera fue en 1996 y la última en 2013, cuando se hizo el referéndum cobre la soberanía de Malvinas, en el que los habitantes decidieron por abrumadora mayoría seguir siendo parte del territorio británico. En el medio, también viajó cuando se identificaron a los soldados argentinos y se permitió a los familiares visitar las tumbas en el cementerio de Darwin.
Natasha es una verdadera experta en Malvinas. Cada vez que estuvo allí fue como enviada del diario Clarín. Pero el año 2012 marcó la diferencia: viajó de manera particular y permaneció por quince días para escribir el libro Kelpers: ni ingleses ni argentinos, donde analiza la identidad de los isleños y su futuro.
“La cultura es muy parecida a la británica, pero está adaptada a lo local. La población es endogámica. Viven y mueren ahí. Tienen esa cosa muy típica de ciertas islas: desean conocer el mundo, pero también rechazan el mundo y son cerrados porque tienen miedo. Pero, sobre todo, hay un establishment que no quiere que nos conozcamos unos a los otros”, remarca a Newstad.
A causa del conflicto con la Argentina, cuenta que los lugareños siempre la trataron con desconfianza y con cierto hartazgo por su condición de periodista. “Hay una generación súper hostil con nosotros, la más grande, la de la guerra y la de los hijos de la guerra”, asegura.
Con todo, durante su estadía más larga en la que recopiló opiniones para su libro, pudo conocer de cerca sus costumbres y su gastronomía. “A ellos les gusta cocinar. Compran en el supermercado y también tienen granjas y huertas caseras, porque la verdura -al llegar de Londres, de Europa y de Chile- es cara. Hay muchos productos envasados. Lo que más se come es cordero, chuletas de cordero o de carnero, salchichas y huevos”, explica Niewieskikwiat.
Uno podría llegar a pensar que, por tratarse de un archipiélago bañado por el océano, la degustación de pescado es algo de todos los días. Pero no. Natasha cuenta que hay poca variedad disponible por las licencias de explotación y la exportación al extranjero. “Hay calamares, que los comen fritos, rellenos, como aperitivo o con ensaladas, y congrio chileno es lo más tradicional”, asegura.
Julián Guarino, director del diario Ámbito Financiero y conductor en C5N, viajó a Malvinas en 2012 cuando trabajaba en el diario El Cronista. Coincide con Natasha en que las costumbres de los Kelpers son británicas y su vida, muy austera. Y recuerda que, por su condición de argentino y periodista, también sufrió su mirada ártica.
Cuenta que una de sus notas de tapa generó malestar en las Islas y cayó como un rayo en el entonces Gobierno de Cristina Kirchner, al revelar que el negocio de la pesca en Malvinas facturaba entonces U$s 1.600 millones, el más rentable de la posguerra. En uno de sus artículos, Guarino incluye una foto de barcos de origen inglés, taiwanés, coreano y español, tomada en tiempo real de la computadora del director de pesca de las Islas. Al igual que Natasha, dice que hay cerca de 200 buques pescando en las islas, todo para exportación. Por eso hay poca variedad de pescados en Puerto Argentino, explica. Y recuerda haber probado rabas, calamares en general, los tradicionales fishs and chips (fritura de pescado con papas) y cerveza negra.
“Te diría que la comida típica es el cordero. Cuando yo viajé era muy económico comparado con la Argentina. Me acuerdo que me entusiasmé tanto con el precio que me compré una pierna entera, la metí en el horno de la casa de huéspedes y comí tres días”, rememora con humor.
Té y cerveza, bebidas sagradas
Otra ley primigenia de la gastronomía kelper es la hora del té. Con masas secas, escones o los clásicos muffins. La mermelada de diddle-dee, elaborada con la baya que le da el nombre, también es un alimento básico en la mesa de los hogares, mercados o casas de huéspedes de Malvinas. Su color es rojo y su sabor, picante y dulce.
Natasha recuerda el crumble de manzana y los chocolates con alegría. No así, las tortas, muchas y grasosas, dice. “Comen bastantes cosas grasosas. Por eso tienen sobrepeso”, remarca.
En cambio, Budic destaca al Rose Café que ofrece “riquísimas tortas y donde también se pueden comprar muy linda vajilla”.
Por la noche, la fuerza de la rutina en una ciudad pequeña, y el frio que espanta, hace que los Kelpers encuentren consuelo en los bares y en la tradición de los ancestros.
“Son de tomar mucho, por el frío y por el viento. Lo que más sale es la cerveza”, remarca Guarino.
Natasha coincide: “Toman mucho. Cerveza, whisky, gin. No sé cómo será ahora, pero en algún momento el alcoholismo era un problema”.
No hay edades para sentarse en la barra del bar. Van los jóvenes, pero también las familias, para distraerse o festejar cumpleaños.
“Es común que los lugareños se reúnan a tomar en alguno de los siete pubs que se puede visitar en el pueblo, de los cuales el más emblemático es el Victory”, agrega Budic.
En cuanto a las bebidas que consumen, la cerveza es claramente la preferida. “Hay de distinta variedad y procedencia, aunque también de producción local como la Falkland Beerworks. Lo mismo sucede con el Gin, que se produce combinando hierbas típicas de las Islas por la Falkland Islands Destillers.
En el archipiélago no se puede fabricar vino, pero sí se encuentran etiquetas procedentes de Chile, Uruguay, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Italia y Francia. Algunos viajeros han visto botellas del vino argentino Santa Julia, a un precio exorbitante. Por ahora, el conflicto con la Argentina deja afuera la calidad de los productos nacionales.