Bienestar íntimo
Tantra al alcance de la piel

Coach sexual.
El ilusionista Norberto Jansenson explora el camino del masaje tántrico como vía de sanación, conexión y conciencia corporal
Más que relajación muscular, el masaje tántrico es una puerta de entrada a una experiencia profunda de autoconocimiento. Despierta los sentidos, moviliza la energía vital y permite una conexión íntima —con uno mismo y con el otro— que va más allá de lo físico. Así lo vive Norberto Jansenson, ilusionista y terapeuta, quien encontró en el tantra un camino transformador.
“Desde siempre sentí que la intimidad no debía reducirse a un conjunto de poses o movimientos mecánicos. Para mí, es una entrega progresiva, una confianza que solo surge cuando empezamos a aflojar las armaduras y caer las máscaras”, cuenta para Newstad.
Su primer contacto con el tantra fue en 2018. Aunque no lo buscaba como profesión, quienes compartieron sus prácticas lo alentaron a dedicarse a ello. “Me dijeron que lo mío fluía con naturalidad y potencia”, recuerda. Hoy combina su formación artística con sesiones de masaje tántrico cachemir, una práctica ancestral proveniente de la tradición india.
¿Hay que saber algo de tantra para recibir este tipo de masaje?
“No. Solo hay que entregarse a recibir amor incondicional, maternal, cósmico, en forma de caricia”, afirma.
Jansenson desarma mitos. “Supongo que uno de los más comunes es pensar que se trata de un masaje genital. Pero eso tiene que ver con la manera genitalizada en que entendemos la sexualidad. La genitalidad es apenas una parte ínfima del universo que representa la sexualidad humana.”
¿Y cómo se construye la confianza?
“Primero, conversando antes de la sesión. Luego, con la entrega energética de quien recibe. Pero sobre todo, con la presencia del terapeuta, que transmite calma, compromiso y cuidado. Con el tiempo, en las sucesivas sesiones, quien recibe puede explorar más profundamente su propio mundo interior.”
El masaje tántrico puede movilizar emociones intensas. Jansenson describe una de las experiencias más impactantes que presenció: “Una persona descubrió que lo que conocía como sexualidad era apenas un dibujo en lápiz sobre una hoja blanca, en un mundo lleno de colores, texturas y formas por explorar.”
En ese proceso de redescubrimiento, la respiración cumple un rol central: “Es la herramienta principal para mover la energía estancada. Es como abrir ventanas en una casa cerrada por años. Respirar es dejar que circule la vida”.
Lejos de lo superficial, el masaje tántrico puede ayudar a detectar y trabajar traumas y bloqueos. “Ya registrar un trauma es mucho. Luego, con cuidado, puede comenzar el proceso de observación e integración. Pero no creo en la palabra ‘superar’. Los traumas se cicatrizan o se subliman.”
¿Y qué pasa con el placer? ¿Es solo eso?
“No. Para muchos, descubrir el placer sin culpa ni vergüenza ya es revolucionario. Para otros, que tienen una relación más libre con el placer, el masaje ofrece una vía hacia un goce más profundo, y también hacia el descubrimiento de emociones negadas o escondidas.”
Jansenson insiste en que la energía sexual es energía vital. “Todo lo que hacemos con entusiasmo es sexual: comer, bailar, cantar, crear. Si vivimos la sexualidad como vitalidad, el bienestar tiene que ver con cuánta energía viva y amorosa permitimos circular en nosotros.”
Y advierte: “Creer que la plenitud sexual es tener muchos orgasmos, usar juguetes o seguir técnicas específicas es una trampa. También lo es pensar que se necesita un cuerpo perfecto o un rendimiento determinado. Eso genera frustración y vacío. La verdadera plenitud está en la integración, no en la performance.”
Sobre las diferencias con otros tipos de masajes, señala que el tántrico, especialmente el cachemir, no trabaja por partes sino sobre el cuerpo como un todo integrado. Se realiza con aceite tibio, en desnudez total y con movimientos suaves, largos y rítmicos, que buscan mover la energía sin forzar ni presionar.
“Es una danza lenta. Una especie de Tandava —como llamamos a la danza tántrica— hecha con las manos y los antebrazos sobre el cuerpo de quien recibe. No hay nada que forzar, solo acompañar el flujo de lo que ya está.”
Para quienes quieran profundizar, Jansenson recomienda tres libros accesibles: Tantra: Amor y Sexo y La Ciencia del Éxtasis, ambos de Osho, y Tantra, Amor y Conciencia, de Ma Ananda Sarita y Swami Anand Geho.
Consideraciones éticas
Toda sesión de masaje tántrico debe realizarse en un marco de respeto, profesionalismo y consentimiento claro. “No es una práctica que se pueda improvisar ni banalizar. El terapeuta debe estar formado tanto en técnica como en la filosofía del tantra. Y el espacio debe ser seguro, confiable, amoroso”, remarca Jansenson.
Más que una moda de bienestar, el masaje tántrico es una vía potente hacia la integración emocional, la libertad corporal y el despertar espiritual. Una forma de volver a habitarse —con conciencia, gozo y profundidad— en tiempos donde casi todo nos empuja a vivir anestesiados.