Un poco de historia
San Martín, el primer winelover argentino
Al gran pueblo argentino, ¡Salute!
El General Don José de San Martín no solo fue un gran líder militar, sino también uno de los pioneros y comunicadores más destacados del vino argentino. Su conocimiento sobre vinos era enorme, y su pasión por la vitivinicultura lo convertía en un auténtico “winelover”. En varias cartas, expresaba su profundo amor por el vino y su deseo de pasar sus últimos días rodeado de las viñas mendocinas.
El vino desempeñó un rol crucial en la campaña libertadora. San Martín cultivaba sus propias viñas y almacenaba los mejores vinos en su cava, reservándolos para celebraciones después de las batallas. Conversaba frecuentemente sobre vinos con sus oficiales y mostraba un gran interés por todo lo relacionado con el tema. Era tan entusiasta que siempre incluía vino mendocino entre sus provisiones.
Una de las anécdotas más conocidas de su relación con el vino ocurrió en complicidad con Manuel de Olazábal, cuando se encargaron de hacer una broma a dos camaradas del ejército. Esta divertida historia tuvo como tema central el vino. En la primavera de 1816, San Martín invitó a cenar a dos oficiales, Mosqueras y Antonio Arcos, un español "afrancesado", quienes se jactaban de ser grandes conocedores de vinos. La tarea secreta de Olazábal consistió en cambiar las etiquetas de las botellas: una de vino mendocino fue etiquetada como “Málaga” y una botella de vino español, como “Mendoza”.
Después de la cena, San Martín, con una cómplice sonrisa, pidió a sus invitados que probaran los vinos diciendo: "Vamos a ver si están de acuerdo conmigo sobre la supremacía de mi Mendocino". Primero sirvió el vino etiquetado como “Mendoza”, que en realidad era de Málaga. Los invitados lo describieron como un vino rico, pero algo falto de fragancia. Luego, al probar el vino con la etiqueta “Málaga”, que en realidad era mendocino, ambos exclamaron: “¡Oh! Hay una inmensa diferencia, esto es exquisito, no hay punto de comparación”.
Fue en ese momento cuando San Martín reveló la broma y entre risas, comentó: "Caballeros, ustedes no entienden nada de vinos y se dejan engañar por los rótulos extranjeros". Luego les contó cómo había hecho el engaño.
La moraleja de esta historia es sencilla: no te dejes llevar por las primeras impresiones ni por las etiquetas del vino. Lo mismo ocurre cuando conocemos a una persona: no podemos juzgar por el envoltorio, sino por lo que realmente hay dentro. Los invito a experimentar la cata a ciegas, para evitar prejuicios y caer en falsas modestias.