Duelo callado
Después del aborto: un laberinto mental que la psiquiatría no ignora

Psiquiatra
Ansiedad, depresión y arrepentimiento: las heridas invisibles que deja un embarazo interrumpido.
Tu cabeza puede volverse un laberinto tras un aborto. No es solo un procedimiento: es un peso que muchas mujeres cargan en secreto, un eco que resuena en la mente y el corazón. ¿Lo viviste alguna vez, aunque sea en alguien cerca? La ansiedad que te saca el aire, la depresión que te clava en el suelo o el arrepentimiento que te muerde el alma no son inventos: son reales para tantas mujeres que lo atraviesan. Como psiquiatra, lo veo en consulta: no es una exageración, es una herida que la experiencia pone en evidencia.
¿Qué impacto emocional y psicológico tiene un aborto? Terminar un embarazo no es un punto y aparte para todas. Según revisiones de la American Psychological Association, hasta un tercio de estas mujeres podrían hundirse en un dolor que las apaga, con días grises que se alargan o un hueco interno que no saben nombrar. La ansiedad golpea duro: el cuerpo se tensa, el pulso se dispara y la calma se pierde. El arrepentimiento aparece como un juez implacable, una voz que susurra “¿y si no lo hubiera hecho?”. Sí, existen cuadros como la depresión postaborto o el estrés postraumático, que se manifiestan en recuerdos que acechan o noches sin dormir. ¿Cuán frecuentes son? No hay consenso total, pero la evidencia señala que son más comunes de lo que se admite, especialmente si ya había grietas como ansiedad o depresión previas, que el aborto puede agravar hasta romperlas.
Desde mi perspectiva médica y humana, ¿cómo defino el valor de la vida antes del nacimiento? Es un latido que empieza a sonar, una chispa única que merece su chance. El vínculo emocional entre una madre y su hijo por nacer no es un mito: aunque no se vea, está ahí, tejiéndose desde el primer instante. En crisis, ese lazo puede ser el ancla que sostiene o el peso que aplasta si se corta. Y ahí entra otro factor: el entorno no siempre ayuda. Familiares que apuran, parejas que se desentienden o el ruido de un feminismo que, con la bandera de la libertad, empuja a veces a decidir sin medir el después. Con intenciones de sostener a la mujer, se corre el riesgo de tapar el desgarro que queda: una autonomía que suena bien en teoría, pero que puede dejarla sola frente a un dolor que no se nombra.
La psiquiatría lo ve claro: este dolor existe. La depresión tras un aborto puede cortar tan profundo como cualquier pérdida. Hay datos que apuntan a estrés postraumático, con recuerdos que se cuelan como fantasmas, congelando el tiempo. La ansiedad convierte los días en una lucha: levantarse o hablar con alguien se vuelve una montaña. Y el arrepentimiento es más que un error: es un duelo silencioso por un futuro que se apagó. No es solo físico; es el espíritu el que queda tocado.
¿Qué hacer? No se trata de apuntar con el dedo, sino de ofrecer un puente. La psiquiatría tiene herramientas: terapia para desenredar la tormenta interior, fármacos para aliviar síntomas y un refugio para aliviar lo que lastima. En consulta, he visto mujeres llegar destrozadas por la culpa o el silencio y, con paciencia, empezar a encontrar aire otra vez. Pero el primer paso no es ignorarlo: es encarar lo que pasó y buscar apoyo. Si el aborto ya fue parte de tu camino, no es un callejón sin salida; hay formas de avanzar, aunque lleven su tiempo.
Si esto te roza —por vos o por alguien más—, no lo ignores. La salud mental no es un lujo, es un pilar, y no separa entre una elección pesada y un abismo que te traga. Buscar ayuda no es flaquear, es agarrar las riendas y romper el mutismo que te ahoga. Desde mi experiencia, lo digo firme: no estás condenada a arrastrar esa cruz para siempre. Dar un paso adelante, con apoyo o con lucha, es lo que te trae de vuelta la luz.
Programa de acompañamiento para trauma post aborto: Proyecto Esperanza.
Retiros: Viñedos de Raquel, Salve Guadalupe, Feliz de Tí María.