Elecciones porteñas
The last dance: Rodriguez Larreta vuelve para tensar y ser el juez de la elección

Periodista y Director de Newstad
Ex intendente y crítico del actual PRO, busca sembrar en la Legislatura la oposición razonable a Jorge Macri. El rol de referi en la elección de mayo y la decisión de Waldo Wolff.
Horacio Rodríguez Larreta no va a ganar la próxima elección, pero el axioma de ganar perdiendo y perder ganando puede cristalizarse antes de lo pensado si el PRO en la Ciudad no endurece la postura y endereza el timón. El ex jefe de Gobierno terminó de duelar el 13A y empieza a ver que esos 2.800.000 votos son muchos más de los que parecían. El PRO cruje y el tablero se siente más pateado que nunca con un dirigente que si hace autocrítica y corrige, puede decidir qué pasa en la próxima elección porteña.
En Tabac, el mítico café de Coronel Díaz y Libertador, Horacio Rodríguez Larreta era casi parte del mobiliario. Se sentaba temprano, cerca de las siete, en la mesa lindera con el baño para leer tranquilo y reunirse dos o tres veces en una hora con dirigentes. Decidía, saludaba, pagaba y se iba. Así siempre. En Tabac lo esperan, hay un rumor de operadores, empresarios y dirigentes que están aguardando la reaparición para volver a jugar.
Jorge Macri asegura que Rodríguez Larreta está terminado y no puede volver. De mínima, ansiedad. Un viejo halcón del PRO lo define bien: “dejen alguna cagada para el año que viene, no sean tan abarcativos”. Es una definición casi antropológica del escenario que ve en torno a la toma de decisiones de Mauricio Macri y Jorge durante el primer periodo de gestión. En Uspallata, donde todo se mide y evalúa, están conformes y creen que ganan, pero saben que la llegada de Horacio Rodríguez Larreta cambió todo y puede marcarlos a fuego.
En el entorno de Rodríguez Larreta aseguran que están en doce puntos, lo que los pone más que competitivos y les permite soñar con dos legisladores y condicionar al PRO. Tal vez sobra optimismo, pero si se suma a la campaña la candidatura del siempre estridente Yamil Santoro, Ramiro Marra por fuera del esquema liberal y la lógica opción violeta en nombre de Javier Milei, entonces Jorge Macri deberá poner un nombre que pueda soportar embates por distintos sectores ideológicos, y para peor, contrastando con la inmediata gestión anterior.
Ahora bien, será el MAD de Rodríguez Larreta el que llegue a la Legislatura, pero también dirigentes que caminan en silencio a su lado desde antes. Primero su hermano, Augusto, quien fue parte de los que diseñaron el camino a la campaña presidencial desde el anonimato y la construcción del lobby para explicar el proyecto político al círculo rojo. En la Legislatura lo esperan ansiosos al ex alcalde para construir un minoría ruidosa y determinante. Lo sabe Jorge Macri, quien deberá pergeñar un esquema de contención, en especial para Yamil Santoro y los aliados que votan a favor y en contra de sus proyectos de acuerdo a su predilección.
Augusto deberá entonces llevar riendas, acercar miradas, aunar criterios, conseguir financistas que hagan que la campaña sea profesional. Si logran tomar distancia de la hiper modernización de la política y vuelven a caminar los barrios con propuestas, la situación se hace más desafiante para el oficialismo. Augusto deberá mixear el círculo rojo, los vecinos, los medios y la política en su rol de armador todo terreno. Lo sabe hacer y lo hizo a nivel país.
La Ciudad huele a pis, no es la definición más profunda, pero sí tangible en el imaginario del votante porteño. Está más sucia, sí, es indiscutible. Es por culpa de Jorge, en parte sí. La crisis económica que generó el último semestre de Sergio Massa hizo que intendentes del Conurbano permitan el éxodo masivo de personas que eligen las calles de Buenos Aires para vivir. Nadie quiere dormir en la avenida Eva Perón de Florencio Varela a riesgo de ser atacado, pudiendo dormir en Figueroa Alcorta y Cavia, en un cajero automático con aire acondicionado y propinas de miles de pesos por día. Es lógico. Eso ensucia la ciudad y lo saben todos, son millones de personas por semana los que vienen a pasar sus días en búsqueda de un plato de comida o una ducha en una fuente pública.
Waldo Wolff se enroló con Horacio Rodriguez Larreta cuando parecía imposible. Apostó y perdió, pero se quedó trabajando con Jorge Macri, y siempre ponderó el trabajo realizado por el ex intendente y ahora candidato. “No se pega para adentro, nunca”, dice Wolff en privado cuando le preguntan sobre el rol de Rodríguez Larreta. Waldo Wolff dejó el gobierno de Jorge Macri después de leer en portales que había sido despedido, cuando habia despejado dudas renunciando. Sorpresas de la política doméstica.
Ahora bien, Waldo Wolff tomaba whisky con Javier Milei cuando ni Alejandro Fantino lo recibía, cultiva una amistad con el apellido Macri que se rajó pero no se rompió en su desprolija salida, sigue teniendo relación con el mundo de Horacio Rodríguez Larreta y es quien reúne en un bar a tomar algo a Eugenio Cassielles, Yamil Santoro, Ramiro Marra y Bruno Screnci, armador del amarillismo primario. Alguien puede pensar que es el próximo candidato a jefe porteño de un acuerdo global y heterógéneo.
Horacio Rodríguez Larreta quiere bailar con la más linda. Se casó, entendió sus errores y quiere volver. La Ciudad lo espera, sus votantes no saben qué decir, falta poco, y recién empieza.