Clima
Sequía y temperaturas extremas afectan a los cultivos del norte argentino

Periodista.
La región enfrenta un evento climático excepcional que combina una sequía prolongada y olas de calor. Este fenómeno ya provocó grandes pérdidas en soja, maíz y algodón, y plantea desafíos críticos para productores, instituciones y otros actores clave del sector agrícola.
Condiciones climáticas complicadas con un estrés termo-hídrico que se ha intensificado debido a la combinación de temperaturas extremas, que en algunos lugares superaron los 45 °C, sumado a una prolongada ausencia de precipitaciones, afectan a provincias como Chaco, Formosa y el norte de Santa Fe. Según datos del Servicio Meteorológico Nacional, esta situación ha resultado en desequilibrios significativos en la formación de estructuras reproductivas en los cultivos de verano. Además, las temperaturas elevadas sostenidas afectan directamente los procesos metabólicos de las plantas, aumentando la evapotranspiración y acelerando la deshidratación del suelo.
La persistencia de estas condiciones climáticas ha generado una caída en la humedad disponible en los suelos, reduciendo la capacidad de los cultivos para sostener su desarrollo en las etapas críticas de floración y formación de granos. De acuerdo con informes recientes, los suelos presentan niveles de humedad inferiores al promedio histórico para esta época del año, dejando a muchas regiones con valores críticos que comprometen las expectativas de productividad agrícola.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires ajustó recientemente sus estimaciones de cosecha, reflejando las consecuencias directas de este evento climático. En el caso de la soja, se proyecta una reducción de un millón de toneladas, pasando de 49,6 millones a 48,6 millones. Este recorte responde a los bajos rendimientos observados en áreas severamente afectadas por el déficit hídrico y las temperaturas extremas. La pérdida estimada representa un descenso del 22% en el potencial productivo en comparación con ciclos anteriores.
El maíz, otro cultivo clave para la región, enfrenta un escenario crítico, con una disminución en los rendimientos estimados de hasta el 40% en áreas específicas. La falta de agua y las altas temperaturas han perjudicado especialmente a los cultivos de maíz tardío, afectando tanto su etapa vegetativa como reproductiva.
En cuanto al algodón, el panorama es igualmente preocupante. Los rendimientos promedio han caído por debajo de los niveles necesarios para cubrir costos de producción, lo que pone en riesgo la rentabilidad de este cultivo en las zonas tradicionalmente productoras.
A pesar de este escenario adverso, se han registrado precipitaciones en algunas áreas del centro de la región agrícola que han ayudado a mitigar parcialmente los efectos de la sequía en cultivos de primera y segunda siembra. Aunque estas lluvias no compensan las pérdidas en el norte, representan una oportunidad para implementar prácticas de manejo adaptativo que permitan maximizar el uso eficiente de los recursos disponibles.
El evento climático también pone de relieve la importancia de promover cultivos alternativos y tecnologías de riego más eficientes para enfrentar condiciones climáticas extremas. La agricultura de precisión, que incluye el monitoreo constante de parámetros como la humedad del suelo y el clima, se convierte en una herramienta clave para ajustar decisiones de manejo en tiempo real.
Ante esta situación, los productores necesitan apoyo financiero urgente y asesoramiento técnico para implementar medidas que reduzcan el impacto climático en sus sistemas productivos. A nivel institucional, es fundamental priorizar la investigación y desarrollo de variedades de cultivos más resistentes al estrés hídrico y térmico. Asimismo, la mejora de la infraestructura hídrica, incluyendo sistemas de almacenamiento y distribución de agua, será esencial para garantizar una mayor estabilidad en ciclos agrícolas futuros.
Por otra parte, los fenómenos climáticos extremos evidencian la necesidad de incorporar estrategias sostenibles en el largo plazo. Esto incluye la diversificación de cultivos, el manejo agroecológico y el uso de técnicas de conservación del suelo, que pueden contribuir a fortalecer la resiliencia del sector frente al cambio climático.
La sequía y el calor extremo en el norte argentino representan un desafío sin precedentes para el sector agrícola. Sin embargo, también ofrecen una oportunidad para repensar estrategias y fomentar la innovación en el manejo de sistemas productivos. La colaboración entre productores, instituciones científicas y políticas públicas será clave para superar esta crisis y garantizar una agricultura sostenible y competitiva en el futuro.