Fenómeno viral
Por qué la nueva Blancanieves ya es un fiasco

Periodista.
La compañía Walt Disney apostó a una heroína en sintonía con la cultura woke. Los cambios en la historia y las actitudes de su protagonista le quitarían público.
MADRID (Corresponsal) – Hace unos días, la protagonista de la nueva Blancanieves, Rachel Zegler cantó con el Alcázar de Segovia de fondo durante un gran show de presentación de la película de Disney. Un castillo, una princesa y dulces para los niños. Sin embargo, la magia, esta vez, viene mal parida.
Primero, un poco de historia. La primera Blancanieves y los siete enanitos, una película de dibujos animados realizada en 1937, fue tan exitosa en la taquilla que le permitió a Roy y Walt Disney comprar los terrenos de Burbank, al norte de Los Ángeles, donde construirían sus gigantescos estudios.
La nueva superproducción, ya sin los enanitos en el título, costó US$ 270 millones, sin incluir los gastos de marketing y en su estreno en Estados Unidos recaudó poco más de US$ 50 millones. Los expertos en taquillas consideran difícil alcanzar los US$ 600 millones que Disney necesita para que las cuentas cierren.
En la Argentina, según Unicine, tuvo unos 200.000 espectadores en su primer fin de semana, una cuarta parte de los que logró El rey león (2019) y menos que Mufasa: el rey león, que tuvo 300.000 en 2024.
¿Por qué a la nueva Blancanieves le está yendo mal? Las respuestas parecen estar en que es una versión woke, tal como admitió Zegler. En 2022, la actriz dijo: “La gente bromea diciendo que la nuestra es la Blancanieves de la corrección política. Sí lo es, porque lo necesitaba”.
La joven actriz siempre consideró como “anticuada” a la historia original. Para ella, en la versión de 1937, “el príncipe acosa a Blancanieves”. Disney estuvo de acuerdo con esa visión y le encargó a la guionista Erin Cressida Wilson (La chica del tren) que cambiara algunas cosas.
Por ejemplo, ahora el nombre Blancanieves se debe a una tormenta invernal. El personaje ya no es una princesa ingenua, definida por su apariencia, sino una líder en formación, alguien a quien la Reina Malvada desprecia porque es hermosa, sí, pero también porque valora la imparcialidad como cualidad de liderazgo. El príncipe ha sido remplazado por un bandido que actúa a lo Robin Hood.
Los enanitos, adorados por los fans de Disney por su ingenuidad y su torpeza, ahora tienen más carácter. Pero ahora no son actores, como Zegler, sino imágenes creadas por computadora. Una decisión que recibió las críticas, nada menos, que del gran actor Peter Dinklage (Juego de Tronos): “Me sorprendió que se sintieran orgullosos de elegir a una actriz latina para el papel de Blancanieves ¿Son progresistas en un sentido, y siguen haciendo ese cuento retrógrado sobre siete enanos que viven en una cueva?”.
De todas formas, el problema sigue siendo Zegler. O más precisamente, sus posturas políticas. Tal como dejó escrito en sus redes, odia al presidente Donald Trump ( “Que le jodan” y “Que los seguidores y votantes y el propio Trump nunca conozcan la paz” escribió y luego borró cuidadosamente). Pero también marca un contraste con Gal Gadot, la Reina Malvada en el filme.
Mientras Gadot, quien nació en Israel y es nieta de un sobreviviente del Holocausto, apoya a su patria en la cuestión palestina, Zegler hace todo lo contrario. Ha escrito en X: “Y recuerda, siempre, Palestina libre”. Tal como dice el diario El País, un juego de opuestos que tampoco dio resultado.
Para entender lo que ha sucedido con la nueva Blancanieves, basta un párrafo de un largo artículo del New York Times: “Es una fábula sobre la relevancia: cómo tratar de tocar la fibra cultural adecuada en el momento cultural adecuado puede convertir una película aparentemente inocua en una batalla de poder por intereses especiales. Y casi todo lo que podía salir mal, salió mal”.
A estas alturas, a Blancanieves, la nueva, se la conoce como Snow Woke, o Blanca Woke. La antítesis de la exitosa película de la que Walt Disney siempre estuvo orgulloso.