A 43 años de la Guerra
Malvinas: la traición chilena y el uso populista que partió al país

Periodista y Director de Newstad
El rol de EE.UU y Chile para colaborar con la derrota. Los Kirchner, enriquecidos con la dictadura y el uso político.
Yo no había nacido, pero lo leí, lo estudié en La Trama Secreta del enorme Eduardo Van deer Kooy y el gordo Cardozo, en libros perdidos en lo de mis viejos con olor a naftalina, en charlas con mi Tio Eduardo y viejos de mis amigos, en cada lado. Malvinas duele y la traición chilena también. Es ese tema espinoso, molesto, que nos debería unir pero nos divide porque somos una sociedad rota que fue saqueada por la política. Materiales, valores, sueños, la política le robó a la sociedad todo, incluso el discernimiento entre lo bueno y lo malo, lo nacional y lo extranjero, todo se mezcló y con Malvinas peor.
Cada 2 de abril, recordamos esos chicos que llegaron ya con frío antes de salir. Venían muchos de zonas desérticas del norte chaqueño, de lugares inhóspitos donde Dios sigue sin atender y la política sigue en su mundo, ese que sólo habitan los que pueden dormir de corrido mientras los chicos bajan de peso. Se llama Formosa, Florencio Varela o La Matanza, está en casi todos lados y esos chicos hoy siguen ahí, con frío.
Esos que desembarcaron en las Islas Malvinas para reafirmar la soberanía nacional y dejar la vida sin casi entrenamiento previo, con un promedio inferior a los 24 años y una gesta que, más allá de su desenlace trágico, quedó grabada en nuestra memoria como un acto de valor y patriotismo. Detrás de la gesta, las verdades incómodas: una dictadura en decadencia que buscó perpetuarse, vecinos que jugaron roles ambiguos y una izquierda que, años después, instrumentalizó el dolor con fines propagandísticos. La traición chilena, eso que condenó al país al ostracismo y que hizo que siendo vecinos, no tengan relación afectiva con Argentina.
La dictadura y el último round de un golpeado Galtieri
Leopoldo Galtieri estaba terminado, pero no sólo por la economía, el Peronismo quería volver al poder, la represión y los desaparecidos ya eran vox populi y la sociedad clamaba por democracia. Fue entonces cuando el gobierno de facto decidió apelar al sentimiento nacionalista más profundo: la recuperación de las Malvinas. Un delirio que aunque legítimo, no tenía ninguna chance de ser logrado.
La operación militar fue sorpresiva, heló al mundo entero y en especial a los habitantes de las islas. Las fuerzas británicas, respaldadas por Estados Unidos y la OTAN, respondieron con una contundencia que la Junta Militar no supo anticipar. Ni la Fuerza Aérea que tuvo un nivel superior a todo lo conocido, ni los chicos que salieron a defender la patria con hambre y frío, nadie pudo evitar que tengamos hoy en el corazón una mancha imborrable en la historia militar argentina.
El supuesto hermano Chileno fue clave, colaboró con nuestro desastre. La derrota aceleró el fin de la dictadura, ahí el vaso medio lleno. Galtieri cayó en el descrédito total, y en menos de un año, Argentina volvió a la democracia con la llegada de Raúl Alfonsín, quien también estará jaqueado por el constante intento del Peronismo y una parte de los militares de volver a las intentonas que tuvieron éxito en otros tiempos.
El kirchnerismo y la explotación del símbolo
El kirchnerismo siempre fue inteligente en pocas cosas, pero sí con determinación. Distintos símbolos que afectaron la emocionalidad y el recuerdo de muchos sirvieron para la construcción de sentido y la narrativa que impuso Néstor Kirchner y su mujer Cristina. Mientras el matrimonio Kirchner amasó una fortuna en años de dictadura, el kirchnerismo en el poder encontró en Malvinas una bandera convincente . Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner utilizaron la causa para construir un relato mezclando el reclamo legítimo de soberanía con una retórica antiimperialista y confrontativa que nunca tuvo asidero, pero que logró que desde Maradona a los movimientos sociales, pasando por el movimiento estudiantil, todos abracen esa causa.
Se habló de "desmalvinización" para criticar a quienes, según la mirada populista, habían abandonado la causa. Sin embargo, mientras enarbolaban la bandera de las Malvinas, su gobierno tuvo récord de acuerdos con empresas británicas y no avanzó en una estrategia diplomática real para recuperar las islas. Fue, finalmente, una pobre estrategia de propaganda que no sirvió más que para evitar hablar de los temas que realmente afectaban a la Argentina.
El rol de Chile y Perú: aliados y contradicciones
Malvinas también puso a prueba las relaciones regionales y recordó viejos rencores. Chile era gobernada por Augusto Pinochet, un militar férreo y amigo de Estados Unidos que venía de cocinar el golpe de Estado a Salvador Allende nueve años antes y colaboró con Inglaterra para que derrote a Argentina. Fue un aliado silencioso pero clave en los días de guerra, siendo quien les proporcionó inteligencia militar, radares y apoyo logístico. Aviones ingleses hicieron escala en Chile, la colaboración fue total y el perdón no llegó nunca. Eso es Chile.
Distinto fue el caso de Perú, gobernado entonces por Fernando Belaúnde Terry, fue uno de los pocos países que apoyó abiertamente a Argentina. Envió aviones Mirage, cargamento y hasta pilotos voluntarios.
Malvinas hoy: entre el reclamo y la realidad
Cuatro décadas después, la causa Malvinas sigue viva, pero no tuvo seriedad y sí demagogia. No se trata solo de iza banderas o de discursos emotivos, sino de una estrategia diplomática coherente, que incluya el diálogo con Reino Unido sin renunciar a nuestros derechos.
Los veteranos, muchos olvidados, merecen más que homenajes, son los que justamente deberían no tener problemas económicos por haberse jugado la vida. Los que combatieron en las islas. Necesitan políticas de Estado que reparen su sufrimiento. Y los argentinos, más que consignas, necesitamos entender que Malvinas no es una herida, es también una lección: la patria se defiende con honor, pero también con responsabilidad y memoria.
Hoy, recordamos a los caídos. Pero también reflexionamos sobre los errores, las traiciones y los oportunismos. Porque Malvinas no puede ser sólo un slogan, sino un compromiso con la verdad y la memoria.