Modelos en pugna
Honrar la mujer: Argentina y la necesidad de tener más "Tías Anita"

Periodista y Director de Newstad
El rol de la madre como pilar de la familia. La apuesta del hacer sin esperar y los valores como proyecto de vida en familia y equipo.
La RAE asegura que empoderar es hacer fuerte o poderoso a un individuo o un grupo desfavorecido. En ningún lugar habla de revancha, rencor o ataque. La mujer nueva no cierra, o mínimamente genera rispideces entre la mayoría de los hombres que ven injusto un cambio de paradigma sin consulta previa, como si hiciera falta hacer un sondeo antes de una revolución. Un enigma.
Ganó derechos en casi todo el mundo occidental, se sobregiro y nació el “antihombrismo”, una cultura de pergaminos escasos para dejar de hacer. La mujer en el mundo cambió por suerte en muchos casos, pero la tergiversación del concepto de feminismo, de empoderamiento y otras adulteraciones semánticas generaron distraídas que creen que dejar de cocinar a su marido o hijos, no comerse a besos a sus chicos y tener una maestría, la convierte en mejor mujer.
Madame Curie descubrió el Polonio y el Radio y estudio el campo radioactivo para cambiar parte de la historia de la ciencia. Luchó por la inclusión de las mujeres en las universidades, por la igualdad para que puedan ser científicas, y amó a su marido, tuvo dos hijas y se graduó en la Sorbona. En la colapsada Rue Dauphine un carro de caballos atropelló a Pierre en 1906, su marido, así entonces enviudó y volvió a apostar por el amor y su formación académica. Hoy en Argentina hay quienes piensan que empoderarse es no hacer más los quehaceres de la casa o evitar la crianza.
Mi Tia Anita crió quién sabe cuántos hijos, ni ella debe saber, Dios le dio diez y ella eligió otros cientos a lo largo de su medio siglo de trabajo social en hogares, villas; siempre que pudo y en todo lugar. Esto no es de ahora, empezó en la década del sesenta cuando mi abuela Meme se agarraba la cabeza al verla llegar los fines de semana a su departamento en la calle Santa Fe esquina Vidt con chicos de la de la villa pretendiendo incluso quedárselos. Anita necesitaba cuidar, criar, contener, es lo que mejor hizo toda su vida; es lo que mejor le sale. Mamá en casa repite como un mantra desde que nací: “si alguna vez te pasa algo, es importante que Anita esté cerca”. Yo por las dudas siempre me quedo cerca.
Tia Anita representa una mujer que apostó por el matrimonio y lo logró, hace más de cincuenta años que está casada con mi tio Eduardo. Apostó por la familia y lo logró, seguimos reuniéndonos en Coronel Brandsen los primos que nos criamos juntos, que nos hermanamos desde que pudimos y a quienes Anita acompañó y acompaña siempre. Anita representa una mujer que hoy no cotiza en bolsa, es más, casi nadie lo debe saber, pero se empoderó hace décadas cuando se formó académicamente, construyó una gigante familia, dio clases, trabajó en acción social sin pausa y logró ahora trabajar menos y disfrutar más.
Como le sobraba el tiempo, acompañó al padre Carlos Cajade en su cruzada platense para combatir la marginalidad en su obra tan pujante y controversial, que lo llevó a enemistarse con el conservadurismo eclesiástico de la época. Mis tíos fueron miles de fines de semana a trabajar, a sacar chicos de la calle y convencerlos de que había alguna exigua posibilidad de no ser un desastre, de que si bien en la lotería de la vida les había salido la peor bolilla (porque seamos sinceros, vos, qué hiciste para nacer y ser lo que sos), podían torcer su destino si querían. Y lo lograron con muchos.
Tia Anita se levantaba a las cuatro de la mañana después de noches con quién sabe cuántas interrupciones. Pensemos juntos, vos que tenes un hijo o dos, si tuvieras diez o doce, cuánto dormirías de corrido. Vos que tenes un hijo y nos dan pocas ganas de cocinar algo producido para la cena simple de un martes más de nuestra vida, qué harías si te esperan abajo once personas todos los días de tu vida para cenar algo distinto a ayer. Te parece injusto lavar ropa o llevar a tu hijo a un cumpleaños, qué harías si tuvieras más de cien cumpleaños por año.
Tia Anita aparte planchaba camisas y preparaba guardapolvos impecables para que desayunen doce personas y se vayan a trabajar o a estudiar. Pool por todos lados, chicos que llegaban al colegio en tiempo y forma, marido que se iba a Buenos Aires a trabajar mucho y ella a cargo de un ejército de pedidos y exigencias. Resolvía mientras se formaba y apostaba por todo a la vez.
Nunca, ni una vez en mi vida nos recibió en su casa o quinta con otra cosa que no sea una sonrisa. Esas mujeres que se empoderaron y honraron la vida y el rol maternal, hoy ya no son vistas como un modelo a seguir. Es un interesante debate como sociedad. La Argentina, si tuviera un millón de tías Anita, estaría mejor o peor como país. Si tuviéramos un millón de Tías Anitas, habría más o menos adolescentes robando, matando, sin estudiar y esperando que la vida lo sorprenda en un tiroteo para ir preso a loas 14 años.
Más allá de que Tia Anita hay pocas, el mal llamado feminismo construyó un delirante concepto de que es de sometida y poco feliz hacer cosas por otro. La mujer que ama a sus hijos, a su familia, que entrega y da sin esperar, es la que hace que una construcción sea un hogar, que un plato de comida sea un encuentro, que la lectura de un cuento sea una ceremonia inolvidable, de las que se graban en tu corazón y tus recuerdos para siempre, y lo más importante, la posibilidad de que alguna de las que la conocen, quieran ser tal vez, el día de mañana, nuevas Tías Anita.
Yo nunca entendí demasiado de mujeres, casi te diría que no entiendo nada de mujeres. Intenté más de una vez pero no me salió, no tengo idea. Pero si bien no sé qué es porque nunca me sentí amado, puedo dar fe de que en mi familia hay mujeres, muchas, que como Tía Anita, honran a la mujer, aman a sus compañeros, impulsan la vida en equipo sin hedonismos panfletarios y apuestan por algo, por valores, por cosas en las que creen. Esas son las mujeres que nos tienen que hoy llenar de orgullo. A mí mamá, a mi inseparable hermana Pili, a las mujeres de mi familia, tengan feliz día.