Tiempo de elecciones
Borges y Perón

Escritor.
Luego de tener un sueño, el escritor pensó en la posibilidad de ser candidato junto con el General. La anécdota tiene relación con el cierre de candidaturas y el armado de listas.
1972.
Jorge Luis Borges y Estela Canto caminan por la calle Florida.
Borges es un reconocido escritor a nivel internacional que además sale en televisión, motivo por el cual se ha convertido en una figura muy popular, lo que no quiere decir muy leída. Sí muy escuchada. Por eso, cada vez que sale a la calle, los transeúntes lo quieren tocar como si fuera una deidad. Y en un punto hacían bien: lo era.
Mientras caminan asediados, Borges le cuenta a Estela Canto un sueño:
—Yo viajaba en subterráneo y el coche estaba colmado. Y de repente, a mi lado y apretado conmigo estaba Juan Domingo Perón. Me tendió la mano para saludarme y yo sentí que la mano de Perón era floja, laxa…
“Así es como vos, Borges, das la mano”, piensa Estela, pero no se lo dice.
Vayamos para atrás. Entre Borges y el peronismo hubo siempre un malentendido. Aun así, Estela, que había militado en la izquierda y tenía contactos importantes con gente del peronismo, le hace, mitad en serio y mitad en broma, la siguiente propuesta:
—Borges, hay personas dentro del peronismo que te admiran, y creen que vos sos el único que podés lograr la unión nacional…
—Con razón, el otro día unos peronistas en la calle me vieron pasar y cantaron, en tono amistoso: “Borges y Perón, un solo corazón”.
—Entonces te lo pregunto: ¿Cómo te ves en una fórmula presidencial con Perón?
—Caramba —dice Borges. Cuando algo no le gustaba o se ponía nervioso, recurría al “caramba”—. Bueno, yo lo primero que haría si tuviera el poder sería renunciar.
Ella se ríe y mitad broma y mitad en serio, vuelve a la carga:
—Te lo pregunto en serio: ¿Te ves en una fórmula Perón-Borges?
Recordemos que Juan Domingo Cangallo ya lo había tanteado a Ricardo Balbín y no habían llegado a ningún acuerdo por culpa de Raúl Alfonsín, que amenazó al Chino con retirarle el apoyo de la juventud radical.
—Caramba…
—Se podrían establecer puntos de convergencia, armar un estatuto. Porque vos Giorgie, podrías hacer mucho por la patria.
Hablarle de la patria fue clave. Para Borges, patria era una palabra absurda que lo emocionaba. Porque más allá de que insistía con que ser argentino era un acto de fe, también insistía con que la patria somos todos.
—No me respondas ahora —le propone Estela—. Pensalo…
Y aunque parezca increíble, Borges se puso a pensar en el tema. Y reflexionando, se acordó de algo que le había pasado con una alumna cuando él daba clases de literatura inglesa en la facultad de Filosofía y Letras.
Cuando Borges tomaba exámenes en la facultad, a una alumna le tocó hablar sobre William Shakespeare. La alumna le empezó a explicar las diferencias y conflictos de clase que había en la Inglaterra isabelina, y del desprecio que sentía la clase dirigente por los actores y poetas.
Borges la interrumpió, cosa que nunca hacía, y le objetó:
—¡Pero usted está dando un examen de literatura! ¿No oyó hablar de Romeo y Julieta, de Hamlet?
La muchacha le contestó que sí, pero que esas historias no tenían el más mínimo interés. Para ella lo fundamental era hablar de la lucha de clases en la Inglaterra isabelina.
Al final la chica no aprobó el examen y fue la única persona a la que Borges reprobó en el ejercicio de la docencia.
Es que, para Borges, el medio social de un escritor poco o nada tenía que ver con su obra; y si lo tenía era un dato que carecía de importancia. Pero para la chica era lo único importante y era inevitable que terminaran discutiendo.
Georgie, al recordar este hecho, llegó a una terrible conclusión: Que hay demasiado fanatismo y que el país no tiene arreglo.
Acto seguido, y luego de hablarlo con su madre, porque todo lo consultaba con ella, para que quede muy claro que nada podía construirse desde ahí y menos con peronistas, rechazó la propuesta y se afilió al partido conservador porque es el único partido que no suscita fanatismos.
La clave ya estaba en el sueño. Ninguna de las dos partes confiaba en el otro. Por eso, cuando se encontraron en ese subte, los dos se dieron la mano de manera blanda.
¿Y por qué hoy les cuento esto?
Porque siempre en tiempos de cierres de listas, la historia se repite en forma de manos blandas.